Abuso sexual infantil
- webnelaesq
- 18 jul
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Actualizado: 23 jul

El abuso sexual es una forma de violencia, la cual ocurre a partir de la imposición de conductas sexuales de una persona mayor de edad, o de un menor considerablemente mayor que la víctima, hacia una persona menor de edad, sometiendole por medio de la fuerza, el engaño, la coerción o la manipulación. Puede darse de manera indirecta (exponer al menor a pornografía, exhibición de genitales, insinuaciones verbales, etc.) o directa (frotamientos, manoseo, penetración, etc.) (UNICEF, 2024) (Patronato Nacional de la Infancia [PANI], 2017). Adicionalmente, cabe destacar que, en casos de abuso sexual infantil, el victimario siempre va a encontrarse en una posición de poder frente a la persona menor de edad, la cual no tiene la capacidad de consentir el acto (Mebarak-Chams et al., 2023).
Adicionalmente, el abuso sexual infantil tiende a ser perpetrado por personas que pertenecen al círculo cercano de la víctima, ya sea un integrante de la familia, un allegado o amigo de la familia, o simplemente alguien que pertenezca al círculo de convivencia recurrente del menor. Dado esto, se logra observar en la gran mayoría de los casos que, los abusos sexuales se realizan en entornos de confianza de la víctima (UNICEF, 2024) (Araújo Da Cruz et al., 2021). Uno de los factores que obstaculiza más la visibilización de un abuso sexual infantil es la común dificultad que tienen las victimas para comunicar o revelar la situación que están atravesando. La revelación o no de un abuso sexual es influenciada por una serie de factores como los intrapersonales (sensaciones de verguenza, angustia, culpa, miedo, etc.), familiares (familias autoritarias o rígidas) y socioculturales (hipermasculinidad, estereotipos de roles, reputación familiar, objetificación de mujeres, etc.) (Abdul Latiff et al., 2024).
Algunos indicadores de abuso sexual infantil físicos son la aparición de olores extraños en el área genital, infecciones urinarias y dolor al orinar, ropa interior rota o manchada, secreción de los genitales, hacerse orines o defecarse encima o en la cama, y dolores sin causas aparentes, entre otros. En cuanto a señales de conducta se observan trastornos de sueño (dificultad conciliando el sueño o terrores nocturnos) al igual que temores y un aferro repentino a figuras seguras que inician repentinamente, miedo o negación a acercarse a un lugar o persona en específico, agresiones a sí mismos (uñas mordidas, arrancarse el pelo, etc.) al igual que agresiones hacia otros, empobrecimiento del rendimiento escolar, aislamiento, retrocesos en fases o aparición de conductas ya superadas, conductas sexualizadas prematuras e inapropiadas, trastornos alimenticios (bulimia y anorexia), depresión, y cambios en la personalidad entre otros (PANI, 2017).
Por último, es de suma importancia mencionar que al enterarse de una situación de abuso sexual infantil se debe proceder a poner una denuncia a las autoridades competentes para asegurar la protección y resguardar la integridad de la persona menor de edad, quien en esa instancia estaría atravesando una condición violatoria de derechos. De igual manera se debe buscar ayuda profesional para el menor y la familia de manera inmediata.
Referencias: Patronato Nacional de la Infancia. (2017). Protocolo para la atención de situaciones de abuso sexual: Profesionalizando el quehacer institucional. PANI.
Sofía Falconer Blanco, estudiante de Psicología, UNIBE.
Licda. Marianela Esquivel Ocampo. Psicóloga, cod 4981.



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